En muchos barrios de Colombia hay casas en obra negra con las varillas del segundo piso apuntando al cielo. La familia construyó lo que pudo, se fue a vivir en el primer piso y dejó el resto para cuando hubiera tiempo o plata. Nadie ve esas varillas como un fracaso, porque ahí está la promesa de seguir. Entre mayo de 2023 y septiembre de 2024, AgilEx fue una de esas casas.
El último piso terminado
El 29 de mayo de 2023 hice los cambios de la versión 1.0.1, que según el registro de cambios ajustó el formato del nombre del índice y permitió que la herramienta funcionara en más de un sistema operativo, dos ajustes pequeños que cerraban esa etapa. Al día siguiente hice un último commit para incluir un tipo de documento en la lista de nombres, y después de eso el repositorio se quedó quieto. Fueron dieciséis meses sin un solo cambio.
La gráfica lo muestra sin adornos. Los 28 commits de 2023 están todos antes de junio, y el resto del año es un hueco.

Dónde estaba
La razón es sencilla y no tiene nada de dramática. En esos meses mi tiempo libre se fue a la docencia universitaria, preparando clases y corrigiendo trabajos. Es otra forma de construir, con estudiantes en lugar de código, y no me arrepiento de haberle dado prioridad. Pero el costo existió, porque mientras yo estaba en el tablero nadie estaba resolviendo los errores que fueran apareciendo en la herramienta.
Lo interesante es lo que pasó con AgilEx mientras tanto. El ejecutable de la versión 1.0.0 seguía disponible en la página de versiones de GitHub, con su manual en el README y su código a la vista, y hoy acumula 403 descargas. No sé cuántas de ellas ocurrieron durante el silencio, y prefiero no inventar ese número. Lo que sí sé es que la casa siguió habitada aunque nadie le estuviera echando cemento.
Volver a la obra
En septiembre de 2024 volví, y además de construir tuve que limpiar, que es lo que toca cuando uno regresa a una obra quieta y encuentra herramientas tiradas por todas partes. Pasé vulture (una herramienta que encuentra código que nadie usa) y borré pruebas sueltas y cuadernos de experimentos que llevaban más de un año en la carpeta de recursos. El proyecto tenía la forma de algo que yo había escrito para mí, y para seguir creciendo necesitaba entenderse sin mí.
El piso nuevo se levantó en esa misma semana. Entre el 12 y el 19 de septiembre agregué la opción de procesar varias carpetas de una vez, una barra de progreso para que la persona supiera cuánto faltaba, y el conteo de páginas en documentos de Word y en PDF protegidos. También reorganicé las carpetas del proyecto para que PyInstaller pudiera empaquetarlo sin trucos. El 19 de septiembre publiqué la versión 1.3.0, y, como ya había hecho con la 1.0.0, las notas de la versión incluyeron el hash SHA256 del ejecutable para que cualquiera pudiera verificar que el archivo era el original.
Lo que deja una pausa
Antes pensaba que un proyecto sin commits era un proyecto muerto. Hoy creo que depende de lo que uno deje a la vista antes de irse. Un repositorio con licencia clara, un manual en el README y versiones descargables es una casa en obra negra con las escrituras en regla, porque cualquiera puede entrar, usarla y hasta terminarla. Si tienes un proyecto quieto por falta de tiempo, revisa que tenga esas tres cosas antes de sentirte culpable, y mira el historial de AgilEx para ver cómo se ve una pausa larga.
Serie AgilEx · 3/7 · Anterior, firmar la obra · Todas las entregas · Próxima entrega el 22 de noviembre, sobre el equipo Marduk.
Escrito a título personal. AgilEx es software libre (MIT) de mi autoría; no representa a la Rama Judicial y su uso en un despacho requiere las autorizaciones institucionales que correspondan.