Hace cuatro años publiqué mi primer post en este blog. Era un “Hello World” sincero, escrito desde la emoción de alguien que acababa de descubrir que podía compartir lo que aprendía. En ese momento no tenía claro quién era mi audiencia ni qué historia quería contar. Solo sabía que tenía cosas que decir sobre tecnología y justicia.
Cuatro años después, ese blog tiene siete publicaciones.
No es que no haya tenido nada que decir. Al contrario: he construido herramientas, participado en proyectos que tocan el sistema judicial colombiano desde adentro, aprendido cosas que me hubiera gustado tener escritas en algún lugar. El problema era otro: no tenía claro para quién escribía ni cómo quería escribirlo.
El problema con el blog anterior
El blog anterior era técnico. Correcto, pero distante. El tipo de contenido que un ingeniero escribe para demostrar que sabe, no para explicar lo que le importa.
Pero hay algo que fui entendiendo con el tiempo: la persona que más necesita entender lo que hago no es otro desarrollador. Es el abogado que lleva veinte años en un juzgado y de repente escucha que “una IA va a distribuir los casos” y no sabe si eso es una amenaza o una promesa. Es el funcionario judicial que usa una herramienta que alguien como yo construyó, sin entender por qué funciona como funciona ni qué decisiones estaban detrás.
Escribir para esa persona requiere un lenguaje diferente. No más simple, sino más honesto.
Lo que cambió
Transformé este espacio alrededor de cinco tipos de contenido que reflejan mejor lo que pienso y hago:
Construyendo — Los proyectos en los que trabajo: automatización judicial, procesamiento de documentos legales, sistemas de distribución de carga en juzgados. Código real, decisiones reales, contexto real.
Pensando — Reflexiones sobre temas que me quitan el sueño: ¿debería una IA decidir cómo se reparten los casos penales? ¿Qué implica que el sistema judicial colombiano dependa de software que nadie auditó? ¿Cómo se regula la inteligencia artificial en el derecho?
Explorando — Experiencias personales. Dieciséis años jugando rugby, la montaña, el agua. No porque quiera ser un blog de aventuras, sino porque soy una persona completa y eso se nota en cómo pienso.
Conectando — La categoría que más me entusiasma. El puente entre fenómenos naturales y conceptos computacionales aplicados a justicia. Cuando entrenas años en rugby aprendes cosas sobre coordinación de sistemas complejos que ningún libro de ingeniería te enseña igual. Cuando bajas una cascada entiendes el gradient descent de una manera diferente. Esas conexiones son las que quiero explorar aquí.
Aprendiendo — Notas en proceso. Ideas sin terminar. Un jardín digital donde las cosas crecen antes de tener forma definitiva.
Para quién es esto
Para el abogado que siente que la tecnología avanza más rápido de lo que puede asimilarla y quiere entender qué está pasando sin necesitar un posgrado en ingeniería.
Para el desarrollador que trabaja o quiere trabajar en el sector judicial y necesita entender el contexto.
Para quien crea, construye o piensa en la intersección entre código y justicia en América Latina.
Y, honestamente, para mí mismo. Escribir obliga a pensar con claridad. Lo que no puedo explicar en palabras simples probablemente no lo entiendo tan bien como creía.
Lo que viene
No tengo un calendario editorial estricto. Tengo temas que me generan preguntas genuinas y proyectos que están vivos.
Voy a escribir sobre Marduk y lo que aprendí construyéndolo. Sobre los algoritmos que estoy explorando para distribuir carga judicial de manera más justa. Sobre Docassemble y por qué creo que es una de las herramientas más subestimadas en legaltech latinoamericano. Sobre la experiencia de presentar en JusticIALab en Ciudad de México.
Y voy a escribir sobre el drosaje hidráulico y los óptimos locales. Porque esa conexión existe, es real, y nadie más la está contando desde la experiencia vivida.
Si algo de esto resuena contigo, quédate.
Este es el post #0 de Sprint Judicial 2.0. El inicio de algo que debería haber empezado hace tiempo.